Wilson Díaz Sánchez - Medellín | Publicado el 25 de enero de 2010
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Tus locuras hoy son leyenda... El mensaje que con sentimiento confeccionaron los hinchas sobre un trapo quedó como testimonio el día del adiós de José René Higuita, ayer en el Atanasio, su cuna futbolística.
El Loco merecía más en su despedida, luego de 25 años de gloria y de orgullo para el país. Pero, como dijo su esposa Magnolia Echeverri, el cariño de los 21.307 aficionados, que asistieron a la cita, llegó al corazón del ídolo que en la cancha hizo de todo: el escorpión, tras un cobro de Néider Morantes; un gol de tiro libre al arquero Alexis Márquez; y otro tanto a Óscar Córdoba, jugando como delantero y que celebró de rodillas.
Ahí terminó el juego (2-2) que dirigió el internacional Óscar Julián Ruiz y que estuvo engalanado con la presencia del Pibe Valderrama, Arnoldo Iguarán, Leonel Álvarez, Coroncoro Perea, Víctor Aristizábal, César Cueto, Álex Aguinaga, Aldo Bobadilla, Néider Morantes, Maturana y Bolillo Gómez, sus amigos del alma y del fútbol.
"Goleador, goleador, René Higuita goleador", coreó el estadio que se iluminó con luces de bengala en el epílogo del duelo entre la Selección Antioquia y los Amigos de René.
"Olé, olé, olá... a René Higuita no lo vamos a olvidar" . Los estribillos nacían del corazón de la fanaticada para el ídolo que, tras reunirse con sus compañeros en la mitad de la cancha, se fue al sector de occidental, donde lo esperaban su esposa Magnolia y sus hijas Pamela y Sindy Johana. Minutos antes le había entregado el buso de arquero a su hijo Andrés. Y como todo un campeón, entre un río de cámaras, comenzó la vuelta olímpica para recibir el tributo de que quienes extrañarán sus genialidades y locuras.
"Imposible conocerles y no amarles". Así inició Higuita el discurso, en el que pidió un minuto de silencio por sus amigos que ya murieron, agradeció a la prensa y a su familia, en especial a su esposa Magnolia que no "me dejó ahogar en la orilla", pidió por la paz con un significativo "sí se puede, sí se puede", y por la liberación de los secuestrados.
Ofreció disculpas por sus errores y se confesó "un pobre pecador", ante lo cual la fanaticada respondió en un coro que pareció trascender a todo el país: "no se va, no se va, René Higuita no se va...".